Hay personas que han cambiado el rumbo de la historia de la humanidad, ya sea por las decisiones que toman, por las acciones que realizan e incluso por los pensamientos que tienen. Ejemplos de este último tipo existen varios, pero quizá el más emblemático de todos es el caso de Sócrates, el ícono de la pensamiento del siglo V a. C. en Atenas y uno de los máximos exponentes de la filosofía moral.

Sin duda, es un personaje que vale la pena estudiar con detenimiento a través de los textos que nos hacen mención sobre sus doctrinas (puesto que él no dejó nada por escrito, so idea de que nadie lo mal interpretara); sin embargo, como algo preliminar, te dejamos algunas de sus principales ideas en las siguientes líneas.

Antes de entrar de lleno, cabe destacar que Sócrates nació cerca del 470 a. C., en un demos cercano a Atenas. En sus años de juventud participó en las Guerras Médicas. De regreso en la ciudad, el personaje se casó con Jantipa, aunque las fuentes muestran que tuvo algunos amoríos con otras personas, como con el estratego Alcibíades. El filósofo comenzó a transmitir sus doctrinas por medio de la mayéutica, el descubrimiento de la verdad a través de una serie de preguntas.

Una de las principales ideas de Sócrates fue el mundo de las ideas. A través del famoso mito de la caverna el pensador explica que todo lo que percibimos es un reflejo, una simulación de lo que realmente son las cosas. Sólo por medio de la razón sería posible llegar a la verdad y comprender la realidad.

Sócrates también tuvo impacto en la filosofía política. En su República comenta que existen tipos de gobierno, los cuales no han sido del todo eficientes, por lo que un buen gobierno, desde su perspectiva, estaría encabezado por los filósofos, quienes según el cuentan con la sapiencia y los conocimientos para conducir el asunto público.

Finalmente, en el Banquete expone la idea de que lo óptimo para las personas es encontrar un equilibrio entre lo que denominó kalos kai agatos, entre lo bello y lo bueno.