El Quijote (como es conocido coloquialmente), la Ilíada, la Odisea, Romeo y Julieta y Hamlet son piezas considerados por prácticamente todo el mundo como algunas de las máximas obras maestras de la literatura universal, las cuales, a su veces, sirvieron como modelo para otros autores. Pero, ¿qué pasaría si te comentáramos que estos textos posiblemente no fueron escritos por Cervantes, Homero y Shakespeare?

En el caso de Homero, desde la antigüedad los mismos griegos y romanos no sólo dudaron que la Ilíada y la Odisea fueran escritos por el mítico autor jonio, sino que también se dudaba de su propia existencia.

Los estudios de los filólogos y lingüistas han arrojado distintas hipótesis sobre quién pudo haber escrito los dos máximos libros de la poesía épica griega: se ha mencionado que, por la estructura de los poemas e incluso el tiempo en el que fueron compuestos, hayan existido dos o más “Homeros”, quienes iban de ciudad en ciudad, cantando las hazañas de la guerra de Troya y que después de mucho tiempo, en el siglo VI, estos versos fueran puestos por escritos por orden del tirano Pisístrato.

En el caso de William Shakespeare, lo ha hecho dudar que este personaje haya escrito sus obras de teatro y poemas es su biografía: se sabe que el dramaturgo nació en Strantford-upon-Avon (en Inglaterra) y que no contó con una educación esmerada y erudita, tal y como se refleja en las referencias de sus textos, lo cual ha hecho pensar a los estudiosos que realmente él fue el prestanombres de el Conde de Oxford, quien, debido a su condición político y social, no podía dedicarse abiertamente a las artes.

Una afirmación similar hacen algunos estudiosos sobre el Quijote y Cervantes, quien, supuestamente no tendría todos los conocimientos que se ven reflejados en su obra.

Sin embargo, ¿qué tan difícil era que otro persona se hiciera pasar por un autor? En la antigüedad clásica esto era muy común. Muchos autores que no contaban con el suficiente renombre, solía publicar bajo el nombre de otros más conocido, como Aristóteles o Cicerón, con la finalidad de que fueran leídos.

Pero esta práctica no es reciente, sino que hay quienes afirman que Issac Asimov, bioquímico y autor de ciencia ficción, le pedía a sus alumnos que realizaran investigaciones, las cuales, posteriormente usaba para realizar sus libros, como el que dedicó a los romanos o a los griegos.

En la actualidad se hace uso de conocimientos como los de la lingüística forense para realizar análisis estilométricos (o sea, medir el largo de los párrafos, las oraciones o incluso la frecuencia con alguien usa ciertas palabras) para determinar el grado de similitud que tiene un texto con otros de un determinado autor, con la finalidad de determinar si es original o no.