En 2013, la primera imagen que marcó la elección de Jorge Mario Bergoglio como el nuevo Papa fue su salida al balcón central en la Plaza de San Pedro. Esta elección realizada por el Cónclave, supuso un cambio a gran escala: fue elegido por primera vez un Papa de América Latina. 

Luego de la muerte de Juan Pablo II en 2005, Joseph Ratzinger (Benedicto XVI), asumió el cargo; sin embargo, algunos años después, renunció al cargo, convirtiéndose en el primer Papa en casi seis siglos que renuncia a este compromiso.

Sin embargo, Jorge Mario Bergoglio fue elegido como su sucesor, que sus allegados lo calificaban como humilde y con una gran sencillez. En el proceso para su elección participaron 120 cardenales del Colegio Cardenalicio. (La creación de cardenales se estableció por decreto del Romano Pontífice a quienes elige para ser sus principales colaboradores y asistentes).

Para la elección del sucesor de Benedicto XVI fue necesario tener la mayoría de los dos tercios de los botos de los cardenales en todos los escrutinios. Asimismo, si la cantidad de votos llegaba a 33 o 34 se decidiría seguir por mayoría absoluta.

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Posteriormente, cuando se conociera a los dos cardenales más votados estos –los más votados– no pudieron participar en la votación final. En suma, estuvo prohibido a los electores develar a cualquier otra persona noticias sobre las votaciones, antes, durante y después de la designación del nuevo Papa. Además, la tradición indicó que después de cada elección los cardenales quemaran las papeletas, a través de la provocación con paja seca para que el humo sea negro; en dado caso blanco, si la votación había dado como resultado la elección del nuevo Pontífice. 

Después de la “Fumata Blanca”, el primero de los diáconos anunció desde el balcón de la Basílica Vaticana la elección del nuevo Papa con el tradicional Habemus papam (‘¡Tenemos papa!’), finalizando con la repartición de la bendición.