En la actualidad, todos conocemos la importancia del jabón principalmente por su función para la higiene personal y la limpieza de determinados objetos. Sin embargo, esto no hubiera sido posible sin un extraño experimento hace miles de años.

Se afirma que el jabón fue un descubrimiento originado en Egipto de manera accidental. Se dice que al colocarse la grasa de un animal (luego de haberlo sacrificado para asar su carne) junto con cenizas con óxidos de metales alcalinos y agua se produjeron los hidróxidos o álcalis que generan el proceso de saponificación

De modo que el descubrimiento de la saponificación permitió a los antiguos pobladores de Egipto lavar sus manos manchadas con esa mezcla, y experimentar por primera vez el uso de detergente que hoy en día conocemos como “jabón”.

Actualmente, existen métodos industriales para la producción de jabón, por ejemplo, existen mecanismos que evaporan el agua de las pastas de jabón para formar el polvo que muchas veces conocemos para lavar productos como prendas de vestir los trastes. La producción de este tipo de jabón requiere de herramientas que tienen la capacidad de separar las partículas de jabón para hacer las más finas o gruesas según la funcionalidad del detergente.

Sin embargo, el descubrimiento del jabón se realizó a través del proceso de saponificación. En este método, los ácidos grasos más comunes son el palmítico y el oleico que se encuentra en la mayoría de las grasas animales y vegetales. Otros componentes originados de este proceso son las sales o jabones llamados palmitato y oleato de sodio que también puede ser de potasio.

Esto también es un ejemplo del origen de la química. Se dice que el descubrimiento de conjuntos de reacciones químicas se ha perdido en los mismos orígenes de la humanidad. No obstante, el hombre prehistórico utilizó la metalurgia como el desarrollo de la ciencia química, donde fabricaron utensilios domésticos instrumentos de caza y herramientas para la agricultura y la guerra.

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