La vida y la muerte son conceptos que están estrechamente ligados a todas las culturas del planeta. Algunas hicieron de este tema un tópico central en su literatura, religión y mitología. Un caso muy particular fue el de los egipcios. Dicha civilización creían fervientemente en la vida después de la muerte, en un más allá glorioso. Como recinto del alma, los habitantes de las orillas del Nilo consideraban que debían preservar el cuerpo lo mejor que se pudiera, para lo cual desarrollaron técnicas de momificación. Pero, ¿cómo es que se hace una momia? Veamos algunos datos.

Esta pregunta tiene muchas respuestas. En el caso de los egipcios, cómo ya decíamos, hay un proceso muy específico y detallado, mientras que las momias que encontramos, por ejemplo, en Guanajuato, son producto de procesos naturales.

En el caso de las momias de Egipto, el proceso ritual consistía en retirar ciertos órganos que se consideraban los depósitos de determinados componentes de la entidad de una persona. Por ejemplo, el corazón debía permanecer en el cuerpo, porque era donde residían la mente y la vida, pero el estómago, los pulmones y el cerebro, entre otras cosas, eran extraídas y colocadas en vasos rituales, después de ser embadurnadas con hierbas.

El cuerpo era desecado por medio de natrón, un mezcla de sales que absorbía la mayor cantidad de agua del cuerpo, aspecto que impedía su descomposición.

Luego de poco más de un mes que llevaba el proceso de desecado, el cuerpo era rellenado con aserrín, lino e incluso papiros. De hecho, cabe destacar que gracias que algunas momias contenían este último tipo de materiales mencionados se pudieron conservar algunas obras de la literatura que se creían perdidas, como es el caso de los textos de Safo de Mitilene, considerada la poetisa más importante entre los líricos griegos.

En el caso de los cuerpos que se momificaron de manera natural, es importante mencionar que el sitio en el que fueron enterrados había sales similares en composición al natrón, de tal modo que se desecaron y conservaron sin descomponerse.